Así fue mi primer encuentro con la corrupción en México

11 mexicanos describen su primera experiencia con uno de los problemas que más afectan al país

septiembre 2017 |

Las historias de corrupción se han vuelto cotidianas para los mexicanos. Hace unos días, una investigación dio a conocer que el gobierno desvió 192 millones de dólares en empresas fantasma y este año quedó al descubierto que autoridades mexicanas estaban involucradas en el escándalo de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht.

Los actos deshonestos y de soborno con las autoridades son, desafortunadamente, una cosa cotidiana para las empresas y ciudadanos. De acuerdo con Transparencia Internacional, México es el país más corrupto de las economías de la OCDE y tiene la misma calificación que naciones como Honduras, Laos, Moldavia, Paraguay y Sierra Leona.

Una discusión en reddit con alrededor de 160 comentarios planteaba esta duda: ¿cuál fue tu primer encuentro con la corrupción o abusos de autoridad? Datos del Índice Nacional de corrupción y buen gobierno, el cual estudia la incidencia de ilegalidad en los trámites y procesos de las instituciones públicas, reflejan una disminución de nuestra tolerancia a la corrupción. Sin embargo, esto sigue siendo una situación cotidiana en México, no solo a nivel gubernamental. “Los mexicanos mantienen la idea de que los servidores públicos son la fuente de la corrupción en el país y es una percepción que se han ganado a pulso”, comentó a Verne en 2016 Octavio Arroyo, de la organización México Unido contra la Delincuencia. “Pero cuando ellos son los que cometan actos ilegales siempre encuentran una justificación”.

Según cifras del INEGI, 64,6% de las empresas que se encuestaron considera que la corrupción deriva de agilizar los trámites, el 39,4% dijo que se da para evitar multas o sanciones y el 30,7% que es para obtener licencias y permisos.

En Verne preguntamos a ciudadanos mexicanos cómo fue su primer encuentro con la corrupción. En algunos casos, el cohecho de parte de autoridades se dio en la infancia y en otros casos, siendo mayores.

Andrés, 28 años

Esto pasó cuando iba en la preparatoria, tenía 17 años, por lo que no era legal comprar alcohol, pero aún así dos amigos y yo compramos un six de cervezas en Coyoacán. Buscamos un lugar dónde poder tomar las cervezas tranquilos y se nos ocurrió ir al parque Frida Kahlo.

Apenas llegamos, y aunque las cervezas estaban cerradas y el six dentro de la bolsa, nos abordaron tres policías que nos hicieron montón. Para evitar pisar el Ministerio Público nos pidieron la famosa cooperacha. De pronto, estaba montado en una patrulla rumbo a un cajero automático para poder pagar la mordida de una falta administrativa que ni siquiera era tal. El dinero lo puse yo. Desde entonces no confío en los policías. Les di 300 pesos, fue el six más caro que he comprado.

Valentina, 30 años

Mi primera experiencia con la corrupción fue mezclada con acoso sexual y laboral. Realizando un proyecto como becaria para un gobierno municipal me fue ofrecida una vacante administrativa. El día acordado para presentarme, llegué según las recomendaciones y me citó el director del área para hablar sobre mis responsabilidades, y me dijo que podría no hacer nada si me volvía “una persona cercana de confianza”. Por supuesto no accedí. Dos días después llegó otra becaria no inscrita en el programa y que no cubría los requisitos para la vacante.

Tiempo después, se dio a conocer que los recursos destinados para un programa no llegaron a las manos adecuadas y la becaria apareció con un auto nuevo. Al levantar la denuncia de lo sucedido me relevaron del proyecto, no me pagaron nada y amenazaron con vulnerar mi bienestar y el de mi familia. Esto pasó hace tres años y es la primera vez que lo cuento.

Julián, 31 años

Hace unos siete años, en casa de mi mama, donde rescatábamos animales, nos dejaron tres gatos muertos en la puerta, por lo que hablamos a la brigada animal de la Ciudad de México. Para corroborar que no fuera llamada de broma, mandaron a un policía en moto que confirmara nuestra versión. Me puse a platicar con el policía, pero lo que me contó me dejó helado.

Dijo que estaba de orden en mi colonia porque no quiso soltar una lana en la colonia Morelos, cuando estaba de patrullero y sufría amenazas. “La primera vez que quise agarrar a un tipo, lo presenté al MP y al día siguiente salió porque era apadrinado de alguien. Luego llegaron a mi lugar de trabajo y me golpearon”, me dijo. “Estamos para prevenir el delito, pero no puedo meter a todos a la cárcel. Si le quito el arma por lo menos garantizo que no robará hasta que encuentre una nueva”. Fue impresionante lo que me contó.

Ana, 30 años

Mi primera experiencia fue en las elecciones estudiantiles en secundaria. Mi “partido infantil” hizo una estrategia de cómo mejorar la escuela y estuvimos dando discursos en los recreos para promoverlo. Un día antes de la elección, el partido contrario (que no había trabajado antes) repartió secretamente dulces y regalos a cambio de votos. Perdimos la elección. Era una escuela chica y se corrió rápido la voz. Todos traían dulces.

Me sentí decepcionada. De pequeña siempre me quise dedicar a la política porque me gustaba la historia. Después de eso me dejó de llamar tanto la atención. Todavía la sigo de cerca, pero ya no me interesa participar.

Diana, 43 años

Hace ocho años, alguien me hizo un ofrecimiento directo de dinero para un trámite que yo iba a hacer de cualquier forma como funcionaria púbclia. “Écheme la mano, yo le paso una lana”, me decía. Creo que no entendía que yo de iba a hacer lo que me estaba pidiendo aunque no me diera dinero.

Esta fue la primera ocasión en que me hicieron un ofrecimiento así, poniéndole precio a mis servicios. Me incomodó y sentí miedo. De pronto pensé que me estaban grabando o que era una trampa y dudé de todo. Como sea, no accedí, pero sí me sentí muy mal por el hecho.

Jorge, 37 años

Esto fue en 2004 de camino al trabajo. Pasé por un café y me estacioné sobre Insurgentes. Como era muy temprano (las 6:00 de la mañana), no pensé que fuera importante. Mientras me servía mi café, vi que un policía me iba a levantar una multa y salí corriendo para decirle que me iba a mover. Me dijo que terminara de comprar mi café, así que regresé y pagué con un billete de 200 pesos, y me dieron seis pesos en monedas y varios billetes, que me guardé por separado.

Me hizo la clásica pregunta “¿Cómo le hacemos?” y me dijo que ya había pedido una grúa y luego me recitó el reglamento de tránsito. Le dije que me ayudara, que se me había hecho fácil, así que le di los seis pesos que traía y le dije que era lo que traía. Los tomó y se fue. Me sorprendió que por seis pesos me haya dejado, fue muy raro.

Susana, 31 años

Venía de una fiesta a las 2:00 de la mañana y venía manejando por una calle en el occidente de México. Esa noche había tomado algunas cervezas, pero me sentía bien. Como ya era muy noche y la calle estaba sola, me di una vuelta a la izquierda e ignoré el semáforo en alto. Me paró una patrulla y se dieron cuenta de que había bebido. “Te vamos a llevar a la cárcel, te vamos a quitar el coche”, me dijeron y yo me asusté mucho.

En ese entonces tenía veinte años e iba sola. Le supliqué que no me llevara y que le daba algo, pero no traía efectivo. Como estaba a unas cuadras de mi casa, los policías se ofrecieron a seguirme al cajero automático. El cajero estaba descompuesto, por lo que me ‘sugirieron’ que fuéramos a uno que estaba en una plaza comercial cercana. Ahí, empezó una racha de mala suerte, porque dos cajeros no servían. “Ya váyase”, me dijeron después de que hicimos el rondín. Me sentí acosada, con mucho miedo de que me siguieran esos policías. Sé que no se debe dar mordida, pero estaba sola, y de madrugada puedes esperar lo peor. Yo no confío en la policía.

Ángel, 35 años

Yo siempre fui testigo de actos de corrupción, pero pensé que no me afectaban hasta que me tocó de cerca. Esto pasó en centro de México, cuando se metieron a robar la casa de mi mamá después de que recibiera muchas amenazas de una persona conocida. Cuando fuimos al Ministerio Público nos tuvieron más de dos horas esperando y cuando por fin nos tomaron la declaración, nos dijeron que las amenazas no eran delito en el estado y que teníamos que someter la casa a un peritaje que tardaría diez días, pero que podrían hacerlo en el momento por 3.000 pesos.

“La verdad está muy difícil que se pueda hacer algo”, nos dijeron en el Ministerio Público. Lo que dijo después fue impresionante. “Si ustedes saben quién fue, con 15.000 pesos giramos una orden y lo detenemos por lo que sea y se va al reclusorio”, nos dijeron. “Después depende de cómo quieran proceder, ya saben que adentro (de la cárcel) les pueden pasar muchas cosas, pero eso tiene otro precio, o si no, se puede quedar preso de ocho meses a un año, dependiendo del dinero que pongan”. Nos fuimos de ahí y decidimos dejar la denuncia. Fue terrible.

Roberto, 26 años

Iba en moto sobre una avenida en el Estado de México y unos policías auxiliares me detuvieron por una luz fundida. Tenía 22 años y la moto no tenía tenencias pagadas y multas sin pagar. Aunque sé que no era de su competencia, tuve que darles 1.000 pesos.

Me sentí timado y muy mal. Poco después intentaron asaltarme y el policía quiso cobrarme para averiguar sobre la persona que me agredió. No confío en ellos para nada.

Delfina, 43 años

Tenía 20 años y venía manejando, pero no me di cuenta de que no traía las luces prendidas y empezaba a anochecer. Unos policías me pararon y me dijeron que estaba prohibido e incluso me dijeron que me iban a llevar al corralón, cuando esa falta solo es infracción, pero yo entonces no sabía. Ellos me decían “cómo le vamos a hacer” y “ayúdeme a ayudarla”. Nunca fueron directos, siempre le estuvieron dando mucho rodeo al asunto. Yo, como estudiante de derecho, pensé que tenía que aceptar mi multa, que llamara a la grúa, y decidí aceptar la consecuencia.

Era un policía auxiliar y acabó aventándome mis papeles. Me dijo que me fuera y luego me insultó entre dientes “pinche vieja”. Después de todo lo que pasó, me di cuenta de que me estaba pidiendo dinero y que ese es el lenguaje que se usa, pero en su momento no entendí. Me sentí orgullosa de no haberle dado ni un peso.

Pablo, 47 años

Sucedió cuando tuve que hacer el famoso servicio militar. Siempre me cuestioné de qué sirve hacerlo y sobre todo, por la comodidad de tener sábados libres, la mejor para un adolescente es no hacerlo.

Ingresé mis documentos y en el sorteo para marchar, el resultado fue “bola blanca”, que implicaba ir todos los sábados, durante un año, hacer actividades ligadas al servicio. En ese entonces, se me acercó un amigo me dijo, “no te preocupes, tengo un tío en las oficinas de la delegación y por un corto dinero, te cambian tu bola blanca por una negra”. No lo pensé, solo le di el dinero, me presenté una mañana y poco después, mi cartilla regresó con la leyenda “bola negra”.

*A petición de los entrevistados, se omitieron sus apellidos para proteger su identidad y tampoco se incluyeron detalles sobre las personas o instituciones involucradas en actos de corrupción. Los testimonios fueron redactados a partir de las entrevistas realizadas con los involucrados.

Darinka Rodríguez

Fuente: Verne

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